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Camino al Cambio:


Base Escritural: Salmo 51: 1-12

1 Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones.
2 Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado.
3 Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí.
4 Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio.
5 He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre.
6 He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.
7 Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve.
8 Hazme oír gozo y alegría, Y se recrearán los huesos que has abatido.
9 Esconde tu rostro de mis pecados, Y borra todas mis maldades.
10 Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí.
11 No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu.
12 Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente.

Texto para aprender de memoria:

17 Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado;Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios. Salmo 51:17

Introducción:

El pecado nos separa de Dios pero además desata desasosiego, problemas personales e interpersonales y un anhelo de estar nuevamente cerca de Dios, entre otros. ¿Cómo se produce el cambio en nuestras vidas? No es en nuestras fuerzas sino en las de Dios. Con su ayuda divina es posible renunciar al pecado y reemprender una nueva vida. La vida con Cristo es maravillosa, es una vida de experiencias espirituales que hacen al cristiano rebalsar de gozo y de alabanzas al Dios nuestro. I.- El camino al cambio con ayuda de Dios lo abre el arrepentimiento (Salmo 51:2-4). 2 Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado. 3 Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí. 4 Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio. Para dar principio a una vida de cambios, necesitamos reconocer que la vida que llevamos nos está llevando a un fracaso total y eterno, por lo tanto necesitamos una vida que nos garantice una vida segura y feliz aquí en la tierra y en la eternidad.

1.- Es necesario reconocer que fallamos y que el pecado nos impide cambiar. 2 Lávame más y más de mi maldad, Y límpiame de mi pecado. Todos hemos cometido pecado, todos hemos fallado; aunque una persona haya sido perdonada y limpiada de todo pecado, no quiere decir que ya no peca, todos seguimos pecando, pero también es cierto que la fuente del calvario sigue fluyendo para limpiarnos de todo pecado, Juan dijo: 1Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. 1ª Juan 2:1. Lo que acontece con el cristiano es que desde que recibió a Cristo, ya no quiere pecar más, ya no se complace con el pecado como lo hacía antes; Hoy que sirve a Cristo quiere ser santo y sin mancha delante de él, el cristiano murió al pecado para vivir para Cristo Jesús.

2.- A menos que reconozcamos las fallas, se dificulta el cambio de actitud y la inclinación a pecar. 3 Porque yo reconozco mis rebeliones, Y mi pecado está siempre delante de mí. Para que el cambio empiece a operar en nuestra vida, necesitamos reconocer que lo necesitamos y debemos ansiarlo y buscarlo como el aire que respiramos; cuando hacemos esto, abrimos una puerta al Espíritu Santo para que empiece a transformar nuestra vida en una vida nueva, cambiada y transformada.

3.- Es necesario reconocer que el pecado no agrada a Dios (v.4) Contra ti, contra ti solo he pecado, Y he hecho lo malo delante de tus ojos; Para que seas reconocido justo en tu palabra, Y tenido por puro en tu juicio. El salmista David entendía, como debemos entenderlo nosotros que a menos que nuestro pecado sea perdonado, no podemos ser aceptados ante los ojos de Dios. Cuando se le entregaban las leyes a Moisés se le dijo: 33Y Jehová respondió a Moisés: Al que pecare contra mí, a éste raeré yo de mi libro. Éxodo 32:33. Para ser aceptados ante los ojos de Dios necesitamos ser limpios de todo pecado.

II.- El camino al cambio con ayuda de Dios comienza al reconocer la inutilidad de nuestros esfuerzos. Son millones de personas que han tratado de cambiar por su propia fuerza pero nunca lo han logrado. El cambio que las personas necesitan, no está en el poder humano, sino, en el poder de Dios. Todas las personas que no han recibiendo a Cristo como su salvador, necesitan un cambio, pero ese cambio solo se encuentra en Dios.

1.- Nos asiste una naturaleza de pecados desde que nacimos (v. 5). He aquí, en maldad he sido formado, Y en pecado me concibió mi madre. El salmista reconocía que en él no moraba el bien, y por lo tanto necesitaba un cambio de naturaleza en su vida. David reconocía que desde su nacimiento era un pecador y que en tal condición no podía agradar a Dios.

2.- Dios anhela un pueblo que camine conforme a Su voluntad (vv.6). He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, Y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Dios ama a los que la buscan, Dios responde a los que le claman, Dios da a los que le piden, Dios limpia a los que le reconocen y los hace sus hijos legítimos con derecho a heredar todos los bienes eternos de Dios.

a.- Por su infinita misericordia (v. 1) Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; Conforme a la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. El deseo de Dios es perdonarnos y limpiarnos de todo pecado. Para todos los que sean perdonados Dios ha preparado un reino en la eternidad que no tendrá fin. Usted esta invitado a entrar recibiendo a Cristo como su salvado.

b.- Porque El tiene el poder para cambiarnos (v. 7) Purifícame con hisopo, y seré limpio; Lávame, y seré más blanco que la nieve. Solo Dios tiene el poder para cambiar corazones, solo él salva, él es la única puerta que tiene el cielo, Fuera de Jesús no hay salvación. Solamente podemos ser limpios si Dios nos limpia; no hay detergente que limpie pecado, solo la sangre de Jesucristo limpia de pecado, y está disponible para todo el que desee ser limpio. Dios revitalizará el gozo y la alegría en nuestro ser (vv.8) Hazme oír gozo y alegría, Y se recrearán los huesos que has abatido. Solamente cuando hemos sido limpios de pecado es que podemos disfrutar de paz interior y con los que nos rodean, el alma se goza cuando ha sido libre de pecado y sobre todo la comunión con Dios es lo más lindo que podemos tener.

Conclusión:

Cuando admitimos nuestro pecado y la necesidad de cambiar, hemos dado un paso agigantado hacia la transformación de la vida personal y espiritual. El segundo paso es ir a Dios en procura del perdón y, depender de sus fuerzas y no de las nuestras para cambiar. Haga un llamado a los amigos que pueda haber en la reunión