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La cruz de Arrepentimiento:
Base Escritural:Lucas 23:40-43 40Respondiendo el otro, le reprendió, diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? 41Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. 42Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. 43Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.
Texto para aprender de memoria:
10Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Lucas 19:10.
Introducción:
Toda conversión genuina es impactante. Jamás se vuelve a ser igual. Zaqueo hoy es necesario que pose yo en tu casa. Lejos estaba Zaqueo de saber que después de aquella mañana, él siendo injusto se habría de encontrar con la justicia; él siendo ladrón se habría de encontrar con el dador de Vida eterna.
Desde hoy todos tus valores y todas tus prioridades por todo lo que has soñado, vivido y trabajado cambiaran radicalmente, desde hoy serás pescador de hombres.
Jesús dijo al perseguidor: Saulo, Saulo ¿por que me persigues?
Saulo dijo: ¿Quién eres Señor? Saulo tanto me celas, sin embargo no me conoces; tanta letra estudias, sin embargo, persigues al verbo de Dios; tanto argumentas en mi nombre, sin embargo no entiendes que yo soy a quien tu persigues, el Santo, el alpha y la omega el principio y el fin, tratas de defenderme sin conocerme. Sientes celo de mí y nunca has oído mi voz.
Pero hay algo diferente en la conversión de este hombre. Este hombre tuvo un encuentro personal con Jesús mientras se conducía a Damasco.
Zaqueo se convirtió al que resucitaba los muertos y echaba fuera los demonios con tan solo decir la palabra.
Pedro se convirtió al Maestro con palabra de Vida. Al Mesías, al Salvador del mundo. Al hombre que hablaba como ningún otro hombre había hablado jamás!
Saulo vio el resplandor de su gloria y oyó su voz.
Pero, el ladrón de la cruz, este hombre cuando alzo sus ojos vio a un hombre colgado de un madero, sus manos traspasadas por clavos, su rostro desfigurado, un hombre que apenas tenia fuerzas para susurrar unas palabras. Ahora Jesús era el espectáculo de todos los que al pasar meneaban sus cabezas y decían: a otros salvo y a él mismo no puede salvarse.
Cuando Zaqueo creyó, este se encontraba gozando de prosperidad, agilidad y salud. Jesús era muy famoso, todo el mundo quería verlo.
Cuando Pedro creyó este tenía a hombres bajo su mando. Era un empresario, y a Jesús lo seguía una gran multitud.
Cuando Saulo creyó, gozaba de buena reputación y un alto lugar de honor en la sociedad, y el resplandor de la gloria de Dios lo derribo a tierra.
Pero este ladrón moribundo estaba en agonizante dolor. Todos sus miembros estaban clavados. Era un ser despreciable, rechazado y derrotado, un nadie, ni siquiera hacia nada por si mismo.
Y quizás había escuchado que aquel hombre que se encontraba colgado a su lado, había comido con los publícanos, había sido rechazado por los Fariseos y doctores de la ley, había venido a buscar no a la oveja engordada, sino a la perdida.
O tal vez, fue que miro un poco más arriba, y creyó lo que leyó: Este es el Rey De Los Judíos
Mi espíritu se estremece.
• Cuando veo al despreciado ser recogido por Jesús.
• Al triste ser consolado por su Espíritu.
• Al cansado y fatigado ser llevado en los brazos del Altísimo.
Por que al igual que el ladrón moribundo, muchos de nosotros tuvimos que ser crucificados por este mundo antes de voltear nuestra vista. Muchos de nosotros venimos a Jesús buscando un milagro, muchos de nosotros llegamos a Jesús con una enfermedad terminal, otros con un problema que no tenía arreglo, otros llegamos a Jesús por un toque divino.
Y al voltear nuestras vistas se nos presenta como consuelo a un hombre, llamado el hijo de Dios, colgado en un madero. Y se nos dice: ahí está tu respuesta. Ahí está tu salvación.
Y al igual que el ladrón moribundo, nuestra vida estaba en angustia, dolor, decepción, derrota. No vemos el milagro, no vemos lógica, no vemos explicación. Vemos a un hombre colgado en un madero al igual que lo vieron los Judíos...pero creemos el titulo que lleva.
Este es el Rey de reyes y Señor de señores
Estas fueron las palabras del malhechor que estaba en la cruz al lado de Jesús. Acuérdate de mi Jesús cuando vengas en tu reino.
Podríamos decir hoy nosotros, en mi cruz esta la condenación Señor, pero en tu cruz esta mi salvación.
No importa cuanto haga este mundo para crucificarme y acabar con mi vida, mientras tú te acuerdes de mí, no temeré. Tú eres mi salvador.
Este ladrón moribundo fue la última compañía de nuestro Señor Jesús en la tierra, Sus seguidores no estaban ahí, los discípulos no estaban ahí, el ladrón era el único que le acompañaba y fue el primero en entrar con él al paraíso. No fue el Rey David o el Profeta Moisés o Elías, fue el ladrón malhechor el primero en entrar con Jesús al paraíso.
Lejos estaba este hombre en su dolor de saber que tal bendición le esperaba. Nada le hacia diferente al ladrón que se encontraba al otro lado de Jesús. La única diferencia fue su ARREPENTIMIENTO.
Y aun cuando solo tenía control de su lengua, con ella confesó que su esperanza estaba en Jesús, reconoció la gloria de su Señor y le pidió que no se olvidara de él.
Salmo 116:1-10
• Tu gloria no se apaga por que estés en una cruz
• Tu voz no deja de hablar solo porque yo no la pueda escuchar
• Tu brazo no deja de interceder solo porque yo no lo pueda ver
• Tu Espíritu no deja de consolarme solo porque yo no lo pueda sentir
• Tu unción no deja de fluir solo porque yo no la sepa buscar
• Tú eres y seguirás siendo la Roca inconmovible aun cuando mi vida parezca derrumbarse.
Polvo era y me distes vida. En tinieblas estaba y me diste luz, estaba perdido y fui encontrado. Perros me rodearon y me escondisteis en el hueco de tu mano, en tus heridas estoy seguro.
Jehová es mi fortaleza, él es mi pronto auxilio en las tribulaciones. Si no tenemos a Jesús, sencillamente no tenemos nada. Si tenemos a Jesús, lo tenemos todo.
2Porque dice: En tiempo aceptable te he oído, y en día de salvación te he socorrido. He aquí ahora el tiempo aceptable; he aquí ahora el día de salvación. II Co 6:2.
Cualquiera sea la condición en la que usted se encuentre, al igual que Jesús ha extendido su llamado a otros, hoy se lo extiende a usted. Todos los que han aceptado el llamado de Dios han tenido la experiencia de experimentar una nueva vida y usted la tendrá también. Reciba a Cristo como su salvador y sea salvo.
Haga un llamado al arrepentimiento a los amigos que pueda haber en la reunión.
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